Y es que en esta bendita tierra no se para de comer buena fruta que generan desde las explotaciones agrarias a los más pequeños rincones en algunas de las casas. El clima, la lluvia, la tierra y el sol son excelentes para que la naturaleza sea generosa y abundante. Supongo que gracias a eso no se pasa más hambre en este país.
Ahora es tiempo de aguacates y en la vida había probado algunos tan buenos como los de aquí. Solos con aceite y sal y mezclados con mangú (una especie de puré de plátano maduro sancochado con cebolla), en la sopa, en la ensalada o simplemente metido en un bocadillo de salami y queso, está delicioso, por no hablar de lo limpio que tengo el colon con tanto consumo de fruta.
La lechoza, que es nuestra papaya, en la mañana tiene un sabor estupendo para desayunar. La piña tan dulce que se da en el Caribe, que puedes oler el agradable aroma de un camión siendo descargado desde unos diez metros antes de llegar. Y si me pongo a hablar de los plátanos no paro, mil y una manera de cocinarlos, mil y una variedades de los mismos, la última que probé el guineo manzanillo, como el plátano nuestro pero en miniatura, y con un sabor intenso, como si fuera un postre preparado. Los limones dulces, la chinola, el melón naranja que se da aquí... todo ésto sacado directamente de la mata.
Platos elaborados que no tienen desperdicio ninguno: arroz con con-cón, y aún me gusta más el arroz moro, que es el mismo arroz pero acompañado de habichuelas negras o guandules (una especie de lenteja grande), pastel en hoja (como una empanada que se hace con masa de maiz o de guineo y se rellena por lo general de carne, se envuelve en hoja de plátano y se sancocha), Yanikekes que son la traducción dominicana del Johny Cake inglés y que lo suelen vender en las esquinas. La yuka bien cocida con cebolla o en pastel está deliciosa.
Por supuesto que también hay cosas que no me terminan de convencer: la carne la sazonan mucho, se come por lo general poco pescado y marisco (la poca industria pesquera y la contaminación del mar son las causas del caro precio del pescado), el pan español no el pan de agua de aquí. Y otras muchas cosas que echo de menos, sobre todo el embutido español. Pero es aquí donde estoy y donde estoy disfrutando y aprendiendo a saborear esta parte de la cultura que no hace falta que lo diga, pero me encanta comer... joder, ya estoy salivando.
Fin de semana también trabajando, pero ya no tanto por obligación sino por ganas de ir acabando cosas. Voy a tener que quitarme la costumbre de trabajar fuera de mi horario...
Creo que entre hoy y mañana viene Inma de nuevo y el fin de semana que tiene que volver para la capital, haremos alguna escapada... ya se me ocurrirá algo, que ideas tengo mil.
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